Está claro que la comunicación en los tiempos que corren debe ser concreta, concisa, directa, sin "tapujos"; pero no todo son flores en primavera. Existen lamentablemente personas a las que les interesa más el desinformar que decir la verdad, y es que las verdades suelen ser incómodas, pero es aún más incómodo cargar con un lastre de mentiras en la conciencia, si es que se tiene; además, sin ir muy lejos, podemos apreciarlo a nuestro alrededor, con la gente más cercana a nosotros.

Lo que menos soporta una persona es que le digan la verdad.

Está claro que lo que menos soporta una persona es la verdad, e inmediatamente en este mismo "tipo" de gente al decirles, es más, apenas sugiriendo dos o tres opiniones sobre ellos o sobre lo que hacen (o no hacen) y por supuesto, hablando de opiniones objetivas, mas no caprichosas, parecería que ciertas fuerzas sobrenaturales se desataran, y la indignación, en vez de la consideración o gratitud hacia el que "ofende", pueden más los insultos o incluso la violencia como respuesta (una defensiva muy a la ofensiva) e incluso la crítica no-constructiva para posteriormente rechazar y hacer a un lado a esas personas con intensiones que ya en estos tiempos son necesarias.

Es preferible comunicarse directamente con el lobo, que con éste disfrazado de oveja.

A pesar de que no conozco profundamente la obra de Mario Benedetti, el hecho de que halla sido perseguido por decir las cosas como son (temas políticos), nos habla mucho de su persona. Realmente, en términos resumidos: Le interesaba la gente, y como prueba indiscutible por siempre tendremos su palabra incómoda.

Inspiración

Inspirado por un artículo publicado en La Jornada por Marcos Roitman Rosenmann

Enlace: Mario Benedetti: un luchador contra la hipocresía